Cómo conocí a Carlos González (sin conocerlo)
Dentro de unos meses, de la mano de Eventop tendremos en Pontevedra al conocido pediatra Carlos González en una conferencia que, sin duda, despertará mucho interés entre madres, padres y profesionales que acompañan a familias.
Cuando me propusieron colaborar en la difusión del evento, me pregunté qué podía contar sobre él. Y entonces recordé cómo su libro “Bésame mucho” llegó a mi vida hace casi dos décadas.
Cuando nació mi hija y comenzaron las dudas
Mi hija acababa de nacer. Como muchos bebés, dormía poco, se despertaba con frecuencia y demandaba nuestra presencia constantemente. Como les ocurre a tantos padres y madres, el cansancio empezaba a hacer mella y yo buscaba respuestas.
Fue entonces cuando unos conocidos me hablaron del libro “Duérmete niño”, de Eduard Estivill. Ellos lo habían aplicado y estaban convencidos de que gracias a ese método sus hijos habían aprendido a dormir solos.
Recuerdo que empecé a investigar. Quería saber en qué consistía exactamente este método. Y cuanto más leía, más rechazo me producía la idea de dejar llorar a un bebé solo en una habitación para que aprendiera a dormirse.
Sabía muy poco sobre apego, regulación emocional o desarrollo infantil. Mucho menos sobre cómo las experiencias de la infancia influyen en la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Ni siquiera imaginaba que años después me dedicaría profesionalmente a acompañar procesos emocionales.
Simplemente había algo dentro de mí que me decía que aquello no estaba bien.
Mi intuición me repetía una y otra vez que si un bebé llora, es por algo. Que no dispone de otro lenguaje para expresar sus necesidades. Que su supervivencia depende completamente de quienes le cuidan.
El descubrimiento de Bésame mucho
Y entonces encontré el libro “Bésame mucho” de Carlos González.
Recuerdo perfectamente la sensación de alivio. No porque el libro prometiera noches de sueño ininterrumpido —ojalá hubiera sido así—, sino porque puso palabras a algo que yo ya sentía profundamente.
Carlos González me ayudó a comprender que atender a mi hija cuando me necesitaba no era malcriarla. Que responder a su llanto no era un error. Que el vínculo, la cercanía y la presencia también son necesidades básicas.
“Bésame mucho” me permitió recuperar algo muy valioso: la confianza en mi propia intuición como madre.

Lo que aprendí años después sobre el apego y las emociones
Con los años mi mirada se amplió. Mi trabajo como terapeuta me ha permitido comprender mucho mejor hasta qué punto las experiencias tempranas dejan huella en nosotros.
Hoy sé que los bebés son extraordinariamente sensibles al entorno emocional que les rodea. Sé que la seguridad, la conexión y la disponibilidad de los cuidadores contribuyen a construir una base de confianza desde la que crecer y explorar el mundo.
Cuando lloran, no están manipulando ni intentando controlar a nadie; están comunicando una necesidad.
También sé que cuando un bebé comprueba una y otra vez que alguien acude cuando necesita ayuda, empieza a desarrollar una confianza profunda en la vida y en las personas que le rodean:
- “No estoy solo, estoy protegido.”
- “Hay alguien pendiente de mí, estoy a salvo.”
- “Puedo confiar.”
Esa confianza básica es uno de los cimientos sobre los que se desarrolla nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos.
Del mismo modo, cuando las necesidades emocionales de un niño no encuentran respuesta de forma repetida, pueden aparecer sentimientos de inseguridad, soledad o desconexión que, en mayor o menor medida, también dejan huella en su forma de relacionarse con los demás y consigo mismo.
También sé que muchas madres y padres toman determinadas decisiones desde el agotamiento, la desesperación o porque creen estar haciendo lo correcto. No escribo estas líneas para juzgar a nadie. La crianza está llena de momentos difíciles y todos hacemos lo mejor que podemos con los recursos que tenemos.
El mayor regalo que me hizo Carlos González
Mirando atrás, me doy cuenta de que Carlos González no solo me ofreció una visión de la maternidad coherente con mis valores. También me ayudó a cuestionar recomendaciones externas que no resonaban conmigo y a recuperar la confianza en mi propia intuición.
Con el tiempo he comprendido que el mayor regalo que me hizo aquel libro no fue enseñarme cómo criar a mi hija; fue recordarme que podía confiar en mí.
Escuchar las recomendaciones externas puede ser útil. Informarse es importante. Aprender de quienes tienen más experiencia también. Pero nada de eso debería alejarnos de nuestra capacidad para sentir qué es coherente con nosotros mismos.
Aquel libro me recordó que podía escuchar otras voces sin dejar de escuchar la mía.
Conferencia de Carlos González en Pontevedra
Por eso me hace especial ilusión que Carlos González venga a compartir su experiencia y sus conocimientos.
Más allá de estar de acuerdo o no con todas sus ideas, su trabajo ha ayudado a miles de familias a reflexionar sobre la crianza, el apego y las necesidades emocionales de los niños.
Y porque, en mi caso, llegó en un momento en el que necesitaba escuchar algo muy sencillo y muy valioso: que mi intuición también tenía algo importante que decir en mi faceta de madre.
Si te interesa asistir a la conferencia, además dispongo de un código de descuento de 5 € para la compra de la entrada:
ANAIS
Quizá salgas con nuevas ideas. Quizá encuentres respuestas. O quizá, como me ocurrió a mí, simplemente recuperes la confianza en algo que, en el fondo, ya sabías.
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