Anaís Verenguer

Aceptación o Resignación: Una gran diferencia

Aceptación o Resignación: una gran diferencia

Muchas personas creen que han aceptado una situación cuando en realidad se han resignado a ella.

Y aunque desde fuera puede parecer lo mismo, internamente son experiencias completamente diferentes.

De hecho, una de las mayores dificultades que encuentro en consulta es precisamente esta: personas que afirman haber aceptado lo que les ocurre, pero que siguen sintiendo rabia, frustración, impotencia o una profunda sensación de injusticia.

Si te ocurre esto, probablemente no estás ante una verdadera aceptación, sino ante una resignación.

Y la diferencia es importante porque las consecuencias internas son totalmente distintas.

¿Qué es la resignación?

La resignación es una falsa aceptación. A veces disfrazada de indiferencia.

Aparentemente dejas de luchar contra una situación porque sientes que no tienes otra opción. Dejas de discutir, dejas de insistir y parece que te rindes ante lo que está ocurriendo.

Desde fuera puede parecer calma.

Pero por dentro la historia es muy diferente.

La resignación suele venir acompañada de pensamientos como:

  • “No me queda otro remedio.”
  • “Tendré que aguantar.”
  • “No puedo hacer nada.”
  • “Esto es injusto, pero qué le voy a hacer.”

La lucha externa desaparece, pero la lucha interna continúa.

Sigues sin querer que las cosas sean como son.

Sigues peleándonos con la realidad.

Quieres que las cosas fueran diferentes.

Por eso la resignación genera tensión.

Aunque aparentemente hayas soltado, sigues resistiéndote internamente a lo que está ocurriendo.

Y esa resistencia consume una enorme cantidad de energía.

¿Qué es la verdadera aceptación?

La aceptación es algo muy distinto.

Aceptar no significa estar de acuerdo.

Aceptar tampoco significa rendirse.

Y mucho menos significa que te guste lo que está ocurriendo.

Aceptar significa reconocer la realidad tal y como es en este momento.

Nada más.

Significa dejar de luchar contra el hecho de que algo está sucediendo.

Por ejemplo:

  • Puedes aceptar que estás atravesando una enfermedad sin que te guste estar enferma.
  • Puedes aceptar que tu relación ha terminado sin que te parezca justo.
  • Puedes aceptar que no tienes una solución ahora mismo sin que te guste sentirte perdida.
  • Puedes aceptar que alguien está abusando de su poder sin estar de acuerdo con ello.

La aceptación no dice: “Esto está bien.”

La aceptación dice: “Esto es lo que está ocurriendo ahora mismo.”

Y cuando dejas de negar lo que está ocurriendo, algo empieza a desbloquearse en tu interior.

La energía que estabas utilizando para resistirte queda disponible para nuevas posibilidades.

Aceptación o Resignación: una gran diferencia
La habitación oscura

Imagina que entras en una habitación completamente oscura.

No ves nada.

Quieres, necesitas urgentemente una salida, pero no consigues verla. No encuentras ventanas ni puertas por ninguna parte.

Empiezas a moverte nerviosamente, golpeas las paredes, buscas desesperadamente una puerta y cada vez te frustras más.

Cuanto más te desesperas, menos claridad tienes.

Cuanto más luchas, más perdido te sientes.

Hasta que llega un momento en el que reconoces algo muy simple: “No sé cómo salir de aquí.”

No sé cómo salir de aquí. Estoy encerrada en esta habitación y, por más que busco, no encuentro una salida.

Y en lugar de seguir golpeando las paredes, te detienes.

No porque hayas renunciado a salir.

No porque te guste estar encerrado.

Simplemente aceptas la realidad de ese momento.

No encuentras la salida, por más que la buscas. Estás encerrada en esa habitación, no hay otra.

Y curiosamente, es entonces cuando empiezas a percibir cosas que antes no veías.

Tal vez una corriente de aire.

Quizá una pequeña rendija de luz.

Puede que una puerta que siempre estuvo ahí.

La puerta no apareció de la nada, siempre estuvo ahí, pero tu resistencia te impedía verla.

Lo que apareció fue tu capacidad para verla.

Eso mismo ocurre muchas veces en nuestra vida.

Aceptación o Resignación: Una gran diferencia

Una de las cosas que más nos bloquea cuando tenemos un problema es la frustración.

Queremos encontrar una solución de forma inmediata.

Nos obsesionamos con que las cosas cambien cuanto antes.

Queremos recuperar el control.

Y cuanto más intentamos forzar la situación, más tensión generamos.

Desde ese estado resulta muy difícil acceder a nuevas posibilidades.

La mente se vuelve rígida.

Las emociones se intensifican.

Y la percepción se estrecha.

Sin embargo, cuando aceptas sinceramente que no tienes la solución en ese momento, algo cambia.

La tensión disminuye.

La resistencia desaparece.

Y muchas veces surge una idea, una oportunidad o una perspectiva que antes no podías ver.

A veces crees que aceptaremos cuando encuentres la solución.

Sin embargo, muchas veces ocurre justo al revés: cuando aceptas que todavía no tienes la solución, empiezas a verla.

No porque la aceptación cree mágicamente una respuesta, o porque el problema haya desaparecido, sino porque al dejar de luchar contra el problema o la realidad que no quieres vivir recuperas la claridad necesaria para percibir opciones que antes quedaban ocultas por la frustración, el miedo o la necesidad de control.

Un ejemplo real de aceptación

Hace algún tiempo acompañé en consulta a una mujer que había iniciado su propio negocio.

Era madre de un niño, estaba divorciada y esa actividad profesional era su única fuente de ingresos.

Sin embargo, el negocio no terminaba de funcionar.

La situación le generaba una enorme preocupación porque para ella era vital que saliera adelante.

Cada día invertía más energía intentando que funcionara.

Y cuanto peor iban las cosas, más resistencia sentía hacia la posibilidad de tener que cerrarlo.

No podía aceptarlo

La sola idea le producía angustia.

Mientras estaba viviendo esto, su hijo desarrolló un ganglión en la mano derecha, un pequeño bulto producido por una acumulación de líquido sinovial. Tras consultar con el pediatra, y conocer el diagnóstico, sospechó de que lo que ella estaba viviendo podía estar somatizándolo su hijo.

Sabemos que cuando los niños son pequeños existe una fuerte vinculación emocional con sus padres, a veces observamos que expresan a través de su cuerpo conflictos que están presentes en el entorno familiar. Pero esta es otra historia.

Durante la sesión tomó conciencia de algo importante.

No estaba sufriendo únicamente porque el negocio no funcionara.

También estaba sufriendo porque se resistía completamente a la posibilidad de que tuviera que cerrarlo. Era algo inaceptable para ella.

Cuando pudo reconocerlo y entrar en una aceptación profunda de la situación, ocurrió un cambio interno.

Dejó de luchar.

Cesó en intentar controlar el resultado.

Dejó de pelearse con una posibilidad que no quería contemplar.

No porque le gustara.

No porque estuviera de acuerdo.

Simplemente porque reconoció que no podía seguir viviendo en guerra con esa posibilidad.

Y casualmente, si es que crees en las casualidades, y yo no creo en ellas, una semana después observó que el ganglión de su hijo se había reabsorbido.

Más allá de cómo cada persona interprete esta experiencia, lo relevante es observar el cambio interno que se produjo cuando salió de la resistencia y entró en la aceptación.

La verdadera aceptación se siente en el cuerpo

Aquí existe un matiz muy importante.

Muchas personas dicen: “He aceptado.”

Pero en realidad solo lo han entendido mentalmente.

La verdadera aceptación no ocurre únicamente en la mente.

Se siente en el cuerpo.

Hay una sensación de alivio.

La tensión desaparece.

La necesidad de controlar se reduce.

La lucha interna se disipa. Es como si algo se aflojara por dentro.

Y precisamente por eso muchas personas descubren que estaban resignadas únicamente cuando experimentan una aceptación real.

Porque la sensación interna es completamente diferente.

Decir “No” también es aceptación

A veces se piensa que aceptar significa permitir cualquier cosa.

Y no es así.

  • Puedes aceptar que una situación está ocurriendo y, al mismo tiempo, decidir que no quieres seguir formando parte de ella.
  • Puedes aceptar que alguien te está tratando mal y poner límites.
  • Puedes aceptar una injusticia y tomar medidas para cambiarla.
  • Puedes aceptar una situación laboral y decidir marcharte.

La diferencia está en el estado interno desde el que actúas.

Cuando actúas desde la resistencia, reaccionas.

Cuando actúas desde la aceptación, eleges.

Y las consecuencias suelen ser muy diferentes.

Reflexiones Finales

Cambiar lo que está ocurriendo no siempre depende de ti.

Puede que no siempre tengas la solución

A veces, determinadas circunstancias no se pueden evitar.

Pero sí puedes observar si estás viviendo esa situación desde la resistencia o desde la aceptación.

La resignación te mantiene atrapada porque sigues luchando contra la realidad mientras intentas convencerte de que ya la has aceptado.

La aceptación auténtica no elimina necesariamente el problema, pero sí elimina gran parte de la guerra interna que manteníamos con él.

Y cuando dejas de gastar toda tu energía peleándote con lo que es, aparece algo que antes estaba oculto.

Una nueva perspectiva.

Una nueva posibilidad.

Una nueva respuesta.

No porque la realidad haya cambiado de repente.

Sino porque hemos dejado de mirarla desde el conflicto.

La aceptación es algo que se instala a base de práctica. Una vez que la experimentas una primera vez y eres consciente del beneficio que te ocasiona es mucho más fácil instalarla en tu vida, pero es un proceso.

¿Te resulta difícil aceptar lo que estás viviendo?

Una vez que vives una verdadera aceptación, y eres consciente de ella, sabes cómo es la sensación: es paz, es fluidez, es confianza. La resignación siempre sabe a amargura, a atajo, a “no me queda otro remedio”.

Pero hay ocasiones en las que existe mucha resistencia a aceptar algo o a alguien y esto nos sirve como “red flag”, una alerta de que hay una herida emocional que nos está impidiendo dar ese paso. En estos casos es importante la ayuda terapéutica a nivel inconsciente para poder cicatrizar esa herida.

Algunas personas encuentran útil ayudarse en este proceso de aceptación con aceites esenciales que favorecen la sensación de adaptación y equilibrio emocional.

El aceite esencial de Ciprés suele asociarse con la capacidad de fluir ante los cambios y adaptarse a las transiciones de la vida.

La mezcla Adaptive de doTERRA puede ser un apoyo interesante en momentos de incertidumbre o cuando sentimos que necesitamos mayor flexibilidad emocional.

Y la mezcla Balance de doTERRA puede ayudar a recuperar la sensación de estabilidad interna cuando estamos atravesando situaciones que nos generan tensión o inseguridad.

Los aceites esenciales no sustituyen un proceso terapéutico, pero pueden convertirse en un recurso complementario que acompañe el trabajo de transformación personal.

Apoyo terapéutico

Y si sientes que llevas demasiado tiempo atrapada en la resistencia, en la frustración, la rabia o en una situación que no consigues aceptar, quizás no necesites seguir esforzándote más.

La solución no es forzarte a aceptar. La clave es descubrir qué te impide aceptar.

Porque detrás de muchas resistencias suele haber una herida emocional, una experiencia dolorosa no resuelta o una creencia inconsciente que sigue manteniendo el conflicto activo.

Por eso, una terapia que trabaja a nivel inconsciente es una gran ayuda en estos procesos. Con el Método Kíbar no trabajo únicamente sobre el síntoma o el problema visible, sino sobre el origen emocional que lo sostiene. Cuando ese origen se identifica y se libera, la aceptación deja de ser un esfuerzo, y se convierte en algo natural.

Puedes conocer más sobre el Método Kíbar y su forma de trabajo aquí: Descodificación Biológica

Si sientes que ha llegado el momento de dar un paso más y quieres trabajar en ti de forma guiada, puedes contactar conmigo para comenzar tu proceso.

Si quieres estar al día de toda la info que voy subiendo a la la web, te invito a que te suscribas a mi newsletter y/o a mis canales de difusión para no perderte nada.


Imagen de Enrique en Pixabay

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio
Ir al contenido