Anaís Verenguer

Creencias limitantes y realidad

Creencias limitantes y realidad

A lo largo de mi trabajo como terapeuta en biodescodificación, hay algo que observo de forma constante: el ser humano no vive la realidad tal como es, sino a través de sus propias creencias.

Tus creencias influyen en absolutamente todos los ámbitos de tu vida: relaciones, salud, autoestima, trabajo, economía, decisiones… Y el mecanismo es muy sutil.

Estas creencias no siempre son conscientes. De hecho, la mayoría son inconscientes.

Muchas de ellas se han formado a partir de experiencias, aprendizajes, heridas emocionales o incluso información heredada. Otras las hemos integrado a través del ámbito familiar o social. Y sin darnos cuenta, se van instalando en nuestro inconsciente y empiezan a condicionar la forma en la que interpretamos todo lo que nos ocurre.

El impacto de las creencias en tu vida

No solo interpretas la realidad desde lo que crees… sino que además, sin darte cuenta, tiendes a vivir experiencias que confirman esas mismas creencias. Y aquí estás en la trampa sutil porque verificas la creencia en la realidad cuando realmente es al revés: Vivimos lo que vivimos como consecuencia de nuestras creencias, pero rápidamente nos decimos:

“¿Ves? Ya sabía yo que esto era así…”

Y así es como el ciclo se refuerza.

Ejemplos de creencias muy comunes podrían ser:

  • “Las cosas solo se consiguen con esfuerzo”
  • “Los demás son mejores que yo”
  • “El dinero cuesta mucho ganarlo”
  • “La vida es difícil”

Y cuando estas ideas están activas en el inconsciente, no son simples pensamientos: se convierten en filtros a través de los cuales percibes y creas tu realidad.

La trampa de las creencias

El problema no es tener creencias. El problema es no cuestionarlas. Porque cuando una creencia se repite en tu experiencia, el cerebro la interpreta como una verdad absoluta.

Te pongo un ejemplo claro: la creencia de que “todo se consigue con esfuerzo”. Esta idea está muy extendida, pero rara vez se cuestiona.

Aunque cada persona entiende el esfuerzo de manera diferente, su origen etimológico está en el latín:
          – El prefijo ex-, que significa «hacia fuera».
          – El adjetivo fortis, sinónimo de «fuerte».
          – El sufijo -o, que indica «acción y efecto».

El esfuerzo hace referencia a un uso intenso de fuerza, ya sea física o mental, para conseguir un objetivo. Es decir, implica un uso extra de energía. Así, tu cuerpo y/o y tu mente estarán en tensión para alcanzar el objetivo.  Este exceso de tensión mantenido en el tiempo te perjudica tanto física como emocionalmente.

Desde esta creencia, cada objetivo se convierte en una lucha constante, en algo que requiere tensión, desgaste y sacrificio. Y aunque hay momentos en la vida que es posible que haya que hacer un pequeño esfuerzo, el problema aparece cuando se convierte en una norma interna, y termina generando agotamiento.

Además, cuando finalmente consigues algo, la propia experiencia refuerza la creencia: “Ves, tenía razón, hay que esforzarse mucho”.

Y así el ciclo se mantiene.

La trampa de esta creencia, y de cualquier otra, está en que la das como una verdad porque la verificas en tu vida y en tu realidad: te esfuerzas, consigues tu objetivo y confirmas tu creencia: “Ves, las cosas sólo se consiguen con esfuerzo”.

En general, el ser humano no es consciente de que debería alcanzar sus objetivos desde el disfrute y la confianza, no desde el sufrimiento.

Y lo peor de todo es que cuando consigues algo de manera sencilla y con facilidad te sientes mal porque la creencia “todo se consigue con esfuerzo” te dice que lo sencillo no sirve, y, lo peor de todo, es que no le das valor porque no ha requerido ningún esfuerzo. Vamos, que no te lo mereces.

Romper el ciclo

Como he comentado, muchas de estas creencias están tan integradas que incluso cuando algo llega con facilidad, no se valora o no se reconoce como válido. Porque lo familiar (el esfuerzo) suele sentirse “normal”, aunque no sea lo más saludable.

Romper este ciclo no consiste en forzarte a pensar diferente, sino en empezar a observarte. Cuestionar lo que das por hecho. Y abrir espacio a nuevas formas de vivirte.

Porque quizá no se trata de hacer más esfuerzo…sino de empezar a vivir desde un lugar más consciente y más alineado contigo.

En resumen

La vida no responde a lo que quieres… responde a tus creencias conscientes e inconscientes.

Y cuando una creencia cambia, no solo cambia un pensamiento: cambia la forma en la que te relacionas contigo y con tu realidad.

Estamos aquí para experimentar la vida desde el bienestar emocional, no para sufrir.

Por el bien de tu salud mental y física, es importante que empieces a observar tus creencias y tomar acción para cambiarlas. Hacer un cambio profundo a nivel inconsciente de este tipo de creencias te va a permitir vivir mucho mejor y, sobre todo, disfrutar de la vida.

Y tú, ¿qué creencias limitantes tienes que nunca has puesto en duda? ¿Cómo sería tu vida sin estas creencias?

Para saber más sobre como puedo ayudarte, te invito a descubrir el Método Kíbar que te ayudará a llegar al origen emocional de tu situación y acompañarte en un proceso de cambio profundo y liberador.

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